¿Qué debe hacer un gestor sanitario?

Hace tiempo me preguntaba quién debía escoger el gestor de un hospital. Dada mi voluntad de hacer asequible a todos los lectores el mundo de la salud pública, quizá debería haber empezado por ¿qué es un gestor clínico y a qué se dedica?

La modernización y sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud requiere de unos valores de forma explícita. Estoy hablando de la mejora de la eficacia y la eficiencia sin menoscabar la equidad. Se trata de proponer, analizar y establecer propuestas de mejora organizativa y de gestión allí donde existan problemas.

Así pues, se hace imprescindible la introducción de instrumentos de medida, comparación, resultados y coste de las actividades así como de monitoreo. Es la única forma posible de garantizar los valores de la organización y el uso óptimo de los recursos. De hecho, tan sólo con una práctica profesional eficiente se puede garantizar una atención equitativa y con una buena capacidad de respuesta ante los problemas sanitarios de una sociedad plural. El gestor es el encargado de todo ello.

Todo trabajador clínico -y muy en especial un gestor- se enfrenta a un entorno difícil por la necesidad de mantener un equilibrio: debe jugar con la presión social, la presión de la industria, la constricción presupuestaria, la medicina basada en la evidencia y la gestión de casos; por citar algunas de las más importantes.

Básicamente debe cumplir con las siguientes funciones básicas:

Garantizar la equidad mediante unos procesos clínicos y no clínicos homologados. Al fin y al cabo, la exactitud en la repititibilidad de los procedimientos acostumbra a ser un signo inequívoco de calidad.
Garantizar la eficiencia mediante el análisis del consumo de recursos y la calidad de los distintos procesos clínicos, humanos u organizativos.
Garantizar la efectividad de la organización de modo que ésta se haga sostenible mediante la consecución de resultados en la esfera de lo clínico, lo social y lo epidemiológico.

De ahí que para responder a los tres retos (equidad, eficiencia y efectividad) el gestor debe tener unas atribuciones más allá de las de cualquier otro trabajador clínico. Se trata de controlar un equipo multidisciplinar, mayor o menor, que afectan a uno o varios procesos asistenciales. Además cuenta con un presupuesto en forma de recursos humanos y materiales que debe adaptar a las necesidades y objetivos marcados. Por ello, el gestor es en primer lugar un gestor de personas y debe disponer de las habilidades que se requieren para manejar profesionales; contando que estas personas tienen como fin conseguir la eficacia y la efectividad del proceso clínico que se les ha encargado. Hay que insistir en este concepto: en el modelo organizativo de la gestión clínica, los profesionales ya no se agrupan en función de su especialidad o de su rango universitario, sino que lo hacen de acuerdo con la tarea encargada. Un gestor debe conseguir un buen clima de trabajo tanto dentro como fuera de estos grupos como medio necesario, aunque no suficiente, para lograr la mejora de los resultados. Para todo ello, y siento repetirme pero es de vital importancia, se deben adquirir instrumentos de medición y metodologías de evaluación de procesos y resultados.

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