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El déficit sanitario de España

Diciembre 31, 2009 · Dejar un comentario

Una de las medidas más comunes para medir la amplitud de los sistemas de salud son (1) qué porcentaje del PIB del país –o región- se destina al gasto público sanitario y (2) cual es la cifra del gasto público sanitario por habitante (medido en dólares por cápita estandarizados por Poder Paritario de Compra). Pero, aun pudiéndonos hacer una idea, con estos indicadores no sería suficiente; para afinar más nuestro análisis necesitamos calcular el déficit sanitario en comparación a los países con un desarrollo parecido a España, éstos son la UE15.

En relación al gasto público sanitario en España (1) vemos que éste representa el 6’1% del PIB en el año 2007 (el último disponible en OECD Health Data 2009). Se encuentra pues, por detrás de países como Dinamarca con un 8’2%, Alemania con un 8’0% o Suecia con un 7’4%, siendo uno de los más bajos de la UE15, cuyo promedio es un 7’06% del PIB comunitario. Si hablamos del gasto público sanitario por cápita (2) podemos observar como España tiene una de las inversiones más bajas en salud pública por cápita, concretamente de 1917 US$ Poder Paritario de Compra (ppc), tan solo superada –a la baja, claro está- por Grecia con 1646 US$ ppc por habitante. El resto de Europa se encuentra a mucha distancia de la inversión española: Dinamarca destina 2968 US$ ppc (¡1.000 dólares por habitante más que España!), Francia 2464 US$ ppc o Suecia 2716 US$ ppc por cápita. El promedio de la UE15 es de 2464 US$ ppc, es decir, España se gasta 547 US$ ppc menos por habitante que la UE15.

Una vez vistos los datos relacionados con el porcentaje de inversión en salud pública sobre el PIB y el gasto público sanitario por habitante podemos calcular el déficit de España en sanidad. Para hacerlo debemos utilizar la siguiente fórmula:

Déficit sanitario = gasto Español – gasto Español ajustado a su nivel de PIB

Es decir, Déficit sanitario = qué nos gastamos – qué deberíamos gastar.

Según los datos de Eurostat, en el año 2007 España tenía un PIB de 23.500 dólares, mientras que el promedio de la UE15 era de 29.200, lo cual quiere decir que España representa el 80’5% de la media europea. Así pues, el Estado espanyol debería representar también el 80’5% del gasto público en sanidad respecto a la media europea. Aunque si cogemos los datos antes comentados del gasto público sanitario por habitante  y lo actualizamos al nivel del PIB, éste se encuentra a un 70% de la media europea. Aplicando la fórmula:

Déficit sanitario = 70 – 80’5 = -10’5%

En resumen, aún falta un 10’5% más de inversión para alcanzar el nivel que correspondería a un Estado con el PIB de España y un 30% para alcanzar el nivel de la media europea.

* Todos los datos relativos a sanidad han sido extraidos del OECD Health Data 2009.
* Todos los datos relativos a estadísticas económicas han sido extraidos de la página web de Eurostat a 31/12/2009.

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Resumen de los modelos santiarios europeos: Sistemas de Seguridad Social VS Servicio Nacional de Salud

Diciembre 26, 2009 · Dejar un comentario

Como ya os comenté en un artículo anterior (Sistemas de salud: conceptos básicos) existen básicamente dos formas de organizar los sistemas sanitarios europeos: uno ideado por Bisckmark (Sistema de Seguridad Social) y otro diseñado por Beveridge (Sistema de Impuestos). Para tener claras las ideas de cada uno os dejo un resumen del artículo antes citado.

Sistemas de Seguridad Social

Países con sistema de Seguridad Social: Alemania, Francia, Austria.

  • Organización proveedor/financiador: Contratos entre los sistemas de Seguridad Social y los proveedores sanitarios, públicos o privados.
  • Personal sanitario: El personal sanitario del país pertenece a una gran variedad de entidades diferentes.
  • Organización: El sistema no favorece la planificación organitzativa ni la coordinación entre niveles asistenciales.
  • Puerta de entrada: No existe formalmente Asistencia Primaria (aunque las reformas en Alemania y Francia favorecen el modelo de médico general-de familia).
  • Medicina no-hospitalaria: En la medicina no-hospitalaria trabajan tanto generalistas como especialistas, profesionales autónomos, que cobran por acto médico (en algunos casos también los médicos de los hospitales).
  • Libertad de elección: Las características del sistema y de los proveedores determinan una gran libertad de elección para los pacientes (tipo de médicos, veces, etc.)
  • Listas de espera: Listas de espera prácticamente inexistentes (mercado de servicios médicos muy abierto).
  • Satisfacción: Un alto nivel de satisfacción de la población con el sistema sanitario, sin variaciones significativas entre países.
  • Gasto: Gasto sanitario más alto (mayor influencia de la demanda).

Sistema Nacional de Salud

Países con Sistema de Impuestos: Reino Unido, Países Nórdicos, España.

  • Organización proveedor/financiador: Se trata de sistemas integrados. Con carácter general los servicios son de patrimonio y gestión del financiador (gobiernos).
  • Personal sanitario: El personal sanitario es empleado público (existen excepciones en Atención Primaria).
  • Organización: La organización está basada en la planificación poblacional y territorial de los servicios sanitarios. Existe una alta coordinación entre niveles asistenciales y servicios sociales.
  • Puerta de entrada: Está basada en la medicina de Atención Primaria (médico general-de familia, responsable de una lista de población y puerta de entrada a los especialistas -gatekeeping-).
  • Medicina no-hospitalaria: Los médicos generales pueden ser empleados públicos (España, Finalndia) o también profesionales autónomos (Reino Unido, Italia) pero no cobran por acto médico (capitación).
  • Libertad de elección: Los pacientes deben acudir a su médico general en primer lugar y si es el caso éste les remite al especialista correspondiente.
  • Listas de espera: Existencia de importantes listas de espera, cuya importancia varía mucho según países.
  • Satisfacción: Grandes variaciones entre países. Muy alta (la mejor) en los países nórdicos, muy baja en los países de funcionamiento peor (Italia, Portugal) e intermedia en España y Reino Unido.
  • Gasto: Gasto sanitario menor (alto grado de control por los gobiernos).

Para más información os recomiendo el texto de José Manuel Freire, Jefe del Departamento de Salud Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad: “El Sistema Nacional de Salud español en perspectiva comparada europea: diferencias, similitudes, retos y opciones“.

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¿Quién debe escoger el gerente de un hospital?

Diciembre 24, 2009 · Dejar un comentario

La figura del gerente apareció durante la primera mitad de los años 80, consolidándose en un modelo de gerencia unipersonal como órgano de gobierno de los centros sanitarios. No podemos negar que la creación de esta figura ha aportado aspectos positivos a la gestión sanitaria pública, pero también ha añadido ciertos problemas. El más importante es haber convertido la gestión en una cadena de mando dependiente de los cargos políticos –los Consejeros de Salud de las CCAA-, haciendo que los gerentes tengan que rendir cuentas únicamente ante aquellos que los nombraron.

Su nombramiento, de carácter discrecional, hace que la gestión sea muchas veces arbitraria y no responda a criterios de calidad. Nos encontramos pues, ante una situación de inestabilidad y contraria al resto de profesiones clínicas, que se rigen por criterios meritocráticos. Y al final de todo esto el que sale peor parado no sólo es el paciente, si no también el propio gerente. La discrecionalidad sin control de los gestores, la politización de la sanidad, o la falta de rendimiento de cuentas hace que la figura misma del gestor hospitalario se vea profundamente deslegitimada.

Jorge Juan Fernández, Senior Manager de Antares Consulting, propone tres reformas para mejorar la capacidad de actuación: (1) Los gerentes de hospitales públicos no deberían ser nombrados y destituidos por cargos políticos. (2) Debería ser un puesto de trabajo atractivo. (3) Incorporar herramientas, tanto de gestión como tecnológicas. Además, deja claro quién debe elegir a los gerentes de los hospitales: “Le daría una vuelta a la pregunta: ¿Quién elige al máximo ejecutivo de Zara, por ejemplo, y en base a qué criterios? Los criterios políticos no son buenos. Deberían primar los criterios técnicos. ¿Quién? No es una respuesta sencilla. Quien no, lo tengo claro…”.

Para más información al respecto podeis leer su entrevista en Diario Médico o visitar su blog: Salud y gestión.

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El futuro del Sistema Nacional de Sanidad: la visión de los profesionales

Diciembre 4, 2009 · Dejar un comentario

Los profesionales de la sanidad están a favor de la descentralización del SNS. Así lo han afirmado en el reciente estudio presentado ayer (día 3 de diciembre de 2009) por la Fundación Salud, Innovación y Sociedad. El trabajo, realizado mediante metodología DELPHI, lleva el título de El futuro del SNS: la visión de los profesionales. El estudio sirve de guía para lo que debe ser la reforma del SNS en relación a las opiniones del colectivo sanitario.

Para realizarlo se ha tomado una muestra de 248 médicos y enfermeros con altos conocimientos en el Sistema Nacional de Salud, de los cuales la mayoría se ha mostrado favorable a seguir con la descentralización autonómica, aunque ello conlleve desigualdades sociales, siempre según sus pronósticos.

Del estudio podemos destacar diferentes aspectos. En primer lugar existe una gran muestra a favor de la implementación de copago para los servicios no sanitarios (éstos son hostelería, peluquería, entretenimiento…) como muestra la tabla siguiente:

Clica en la imagen para agrandar.

Del mismo modo, la comunidad sanitaria se muestra contraria al copago para actos médicos y pruebas diagnósticas:

Clica en la imagen para agrandar.

Por otro lado, y aunque el box populi nos pudiera llevar a conclusiones erróneas, los profesionales sanitarios se muestran contrarios a los incentivos fiscales para contratar pólizas médicas privadas con la intención de descongestionar la sanidad pública de la presión actual.

Clica en la imagen para agrandar.

Como apunte final cabe destacar la rotundidad con la que se pronuncian los profesionales a favor de endurecer las políticas referentes al consumo de alcohol y tabaco. Si bien sus pronósticos tienen una mediana de 5 (lo cual tampoco les hace ser muy desconfiados con el sistema político), su deseo mayoritario (con una abrumadora mediana de 2) es que se termine con la tolerancia al consumo de estas substancias:

Clica en la imagen para agrandar.

El estudio ha sido realizado sobre una muestra de, como hemos dicho antes, 248 profesionales sanitarios: un 26% de médicos de primaria, un 28% de médicos especialistas, un 16% de médicos o enfermeros de la Administración y un 27% de enfermeros. También han colaborado en el estudio altos cargos como el consejero delegado de la Escuela de Salud Pública de Andalucía, el presidente de la Organización Médica Colegial, así como profesionales provinciales y de las consejerías de Salud de las diferentes comunidades autónomas.

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Intervención del Dr. Navarro en la Subcomisión de Sanidad

Diciembre 2, 2009 · Dejar un comentario

Podeis leer la intervención del Dr. Navarro en la Subcomisión para el Pacto de Estado en Sanidad dentro de la Comisión de Sanidad y Consumo realizada en Madrid el 13 de octubre de 2009.  El Dr. Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Health Policy and Management en la The Johns Hopkins University y Director del Observatorio Social de España.

En el mismo enlace podeis ver las diapositivas utilizadas durante su intervención.

- Intervención del Dr. Navarro.

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El problema de las listas de espera

Diciembre 1, 2009 · 1 comentario

La existencia de listas de espera podría verse como efecto secundario de los sistemas de sanidad universal en los que hay libre acceso porque el derecho a la prestación aparece asociado a la ciudadanía, tal y como apunté en el artículo de Sistemas de salud: conceptos básicos.

Solemos pensar que la razón de la existencia de las listas de espera es básicamente económica. Dado que los bienes y servicios son escasos, su asignación (racionamiento) sólo puede hacerse por dos vías: (a) el precio de mercado, que parte de la voluntad y la posibilidad de pagar por parte del demandante y (b) la cola, la cual regula el consumo de bienes y servicios sin precio de mercado sufragados por todos los contribuyentes. Aún sabiendo que la demanda de asistencia sanitaria a precio cero es expansiva (incluso podríamos afirmar que infinita) y que la oferta está limitada por los recursos existentes, los sistemas de acceso universal han adoptado el segundo criterio a la hora de asignar determinados servicios.

En los sistemas que racionan el acceso por el precio de mercado, como Estados Unidos, los pacientes con capacidad de pagar no sufren demora alguna en los diagnósticos y los tratamientos, pero los pacientes pobres que no pueden asegurarse o, lo que es más común, se encuentran infrasegurados quedan desprotegidos. Dado que éticamente esta solución no es aplicable en Europa, el problema de las listas de espera es un mal menor, aunque no por eso inevitable. En realidad, no es más que la consecuencia de haber suprimido el precio de mercado de las prestaciones sanitarias.

Sin embargo, la interpretación economicista de que la lista de espera es un simple desajuste entre la oferta y la demanda es errónea. De ser así, bastaría con un aumento de los recursos para terminar con las listas. Y, si bien es cierto que actualmente los aumentos de recursos han acortado el tiempo medio de espera, no es menos cierto que ha crecido el número de pacientes en lista. Por lo que todo parece indicar que no se trata tan sólo de un problema de escasez de recursos, sino también de gestión.

Como podemos observar en el gráfico, en términos absolutos la cantidad en miles de euros casi se ha duplicado desde el año 2002. Aún debiendo medir tal información mediante el porcentaje del PIB dedicado a sanidad, creo que eso llevaría a otro problema que se escapa a la voluntad de este artículo y del que quiero hablaros más adelante: el déficit sanitario español.

Así pues, visto el aumento de recursos destinados a sanidad veamos si la premisa económica de que se trata de un problema de asignación entre oferta y demanda se cumple.

Los datos corresponden a Cataluña y podemos observar como cada caso presenta una evolución distinta. En ambos tipos de transplante podemos ver como la distancia se mantiene relativamente constante, aumentando en la misma medida el número anual de transplantes y la lista de espera. En cualquier caso, los datos anteriores confirman nuestra hipótesis inicial: el incremento en el gasto no consigue invertir la tendencia creciente de las listas de espera que siguen aumentando en número de pacientes. En futuros artículos trataré algunas posibles soluciones a esta situación desde la perspectiva de la gestión, pues la solución económica ha demostrado ser tan solo un tratamiento paliativo al problema.

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La reforma sanitaria de Estados Unidos

Noviembre 21, 2009 · 2 comentarios

La cámara de representantes aprobó hace unos días la propuesta del presidente Obama sobre la reforma sanitaria de Estados Unidos. Sin querer entrar en las vicisitudes del sistema legislativo americano voy a centrarme en un resumen de la ley que tiene en sus manos el Senado, dejando de lado el plan Baucus y el plan Kennedy que se han quedado por el camino.

Una cosa debe quedar clara antes de empezar: el sistema no será universal y aún menos un sistema de sanidad pública. Craso error. Tanto por razones de equidad como de eficiencia la sanidad debe regirse por un sistema de sanidad pública; otro tema es si lo financiamos con impuestos o con Seguridad Social y si el sistema debe ser integrado o de contrataciones.

Así pues, el sistema sanitario americano seguirá siendo básicamente igual con algunos aspectos que serán retocados. Me refiero a:

(1) Cambios en la regulación
(2) Cambios en la obligatoriedad
(3) Creación de un mercado centralizado
(4) Creación de un sistema de ayudas


(1) Cambios en la regulación

El sistema seguirá siendo un sistema de provisión privada, lo que significa que no desaparecerán las aseguradoras. Eso si, una vez aprobada la propuesta, y si esta no es substancialmente mutilada, las empresas de seguros verán reducido su ámbito de maniobra por las siguientes razones:

(1.1) No podrán denegar la cobertura a clientes con patologías previas. Eso quiere decir que a partir de ahora será ilegal denegar una póliza de seguro a alguien por ser diabético o haber padecido un cáncer anteriormente.

(1.2) Estarán obligadas a ofrecer una cobertura mínima a nivel nacional, aunque posteriormente cada estado tiene potestad para poner el listón de cobertura mínima más alto.

(1.3) Se creará un límite en los copagos de los clientes, así como un máximo en las franquicias.

(1.4) Quedará totalmente prohibido expulsar a nadie por enfermar. Parece ridículo que una empresa pueda expulsarte por requerir un servicio por el que estás pagando. Actualmente así sucede en Estados Unidos.

Como absolutamente todo en ciencias sociales, las reformas no son gratis desde el punto de vista de los incentivos. La nueva regulación empujará a los ciudadanos a actuar de forma diferente a la que lo hacen ahora, por lo que se hace necesario ir un poco más lejos. Dada esta regulación la gente tendería racionalmente a no asegurarse y hacerlo una vez se pusieran enfermos ya que las aseguradoras estarían obligadas a aceptarlos. Para evitarlo se han previsto los cambios en la obligatoriedad.


(2) Cambios en la obligatoriedad

La nueva ley de sanidad obligará a todo el mundo a estar asegurado, algo parecido a los seguros de coche pero con la salud de los ciudadanos. En caso de no tener contratado un seguro se pagará una multa de 750$/año para evitar la proliferación de free riders. De hecho, cuanta más gente se asegura más barato es el sistema.

Hoy por hoy, muchos de los asegurados en Estados Unidos lo están mediante su empresa; y éstas, al contratar muchos seguros a la vez, consiguen precios más ajustados. Además, obliga a las empresas de más de un número establecido de trabajadores (49 contra los 200 que proponía el plan Baucus) a contratar seguros médicos para sus empleados, ya sea de forma directa o pagando un porcentaje de la póliza individual.

¿Pero qué pasa con autónomos y trabajadores de empresas pequeñas? La correlación de fuerzas en la negociación de una póliza entre un ciudadano y la aseguradora es tremendamente desigual. Básicamente el poder de negociación de un individuo es cero. El problema es que con la nueva ley contratar seguro será obligatorio. Así pues, ¿como conseguimos que todo el mundo se asegure y a la vez las aseguradoras no sigan cobrando precios escandalosos a autónomos y personas individuales? Con cambios en el mercado de seguros.


(3) Creación de un mercado centralizado

Para responder a la pregunta anterior, la ley tiene prevista la creación de health insurance exchanges, o lo que es lo mismo, un mercado centralizado de seguros médicos pensados para clientes individuales, autónomos y pequeñas empresas. En este mercado las aseguradoras deberán presentar una serie de planes preestablecidos con cuatro niveles de precios. Estos planes serán iguales para todo el mundo, con el mismo precio –debemos recordar que en el sistema actual cada póliza se negocia individualmente, por lo que las aseguradoras se aprovechan de la poca capacidad de negociación individual-. Con este sistema todo el mundo sale ganando: los ciudadanos obtendrán seguros a precios más asequibles y las aseguradoras conseguirán muchos más clientes. Para evitar que las aseguradoras pacten entre ellas los precios de estos planes preestablecidos se creará también un plan público que competirá con ellas, abaratando así el precio.

Además, la ley prevé un sistema de redistribución de las primas, por lo que ninguna aseguradora se arriesgará más de la cuenta ofreciendo servicio a un mayor número de clientes potencialmente más enfermos.

Aún así, ¿todo el mundo podrá pagarse un seguro? No, pero para ello se ha previsto la creación de un sistema de ayudas.

(4) Creación de un sistema de ayudas

Hasta ahora la reforma ha sido básicamente de organización, por lo que no supone un coste extra que añadir a las arcas del Estado. Sin embargo, las ayudas para familias de renta baja será el punto que marcará la diferencia entre la cobertura actual y la futura.

Se creará una barrera de 88.000 dólares al año por familia y 43.000 dólares para individuales; cualquier persona por debajo de este umbral recibirá ayudas en función de su renta y lo que ésta se distancie de la barrera de los 88.000/43.000 USD. La financiación del sistema se hará básicamente con reformas en Medicare y, atención, vía impuestos.

Como veis, el sistema se aleja bastante de la imagen que pretenden vender los republicanos de que se trata de una nacionalización de la sanidad. De hecho, aún con las mejoras que aporta la ley, sigue siendo un sistema de sanidad poco recomendable que pocos –por no decir ningún- país de Europa aceptaría.

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Sistemas de salud: conceptos básicos

Noviembre 19, 2009 · 4 comentarios

Desde la antigüedad y tras muchos siglos de vertebrarse a modo de escala, mayormente en forma de consulta privada o caritativa, se demostró que la sanidad requería otro tipo de organización más eficaz. Llegados al siglo XX, los conocimientos adquiridos han contribuido a mejorar la salud de toda la población del planeta, pero también a multiplicar los costes de los tratamientos.

La sanidad puede entenderse, según el Informe sobre la salud en el mundo 2000 que edita cada año la OMS, como “todas las actividades cuya finalidad principal es promover, restablecer o mantener la salud”. El gasto sanitario total como porcentaje del PIB en Alemania era del 10’4% en el año 2007, el 9’1% en Suecia, el 11% en Francia y el 16% en EE.UU[1]. Así pues, se ha pasado de un sistema organizativo en el que la persona enferma era atendida por su propia familia o por religiosos, a una compleja red de actividades que actualmente conocemos como “sistema de salud” y que tiene una importancia central en la economía mundial.

La organización de los sistemas de salud

Debido a la extrema complejidad de todo lo que tiene que ver con la salud y su organización, los servicios sanitarios han desarrollado unas características que hacen que la gran mayoría de los economistas los excluyan de los bienes que pueden ser prestados por el mercado.[2] Ni siquiera los EE.UU se encuentran totalmente liberalizados en el sector salud. En ese sentido, existe una profunda concienciación entre la ciudadanía europea de que la salud es un derechoinherente a la persona y por tanto, es de responsabilidad pública que así sea garantizado. Pero, como veremos, no todos los sistemas de salud son iguales.

Sistemas de Salud

Podemos afirmar que existe una gran diversidad en relación a la estructura organizativa de la sanidad, los cuales son el resultado de combinar los dos elementos básicos de los que se constituyen todos los sistemas sanitarios:

(1) Fuentes de financiación: recursos económicos
(2) Proveedores: médicos, hospitales, farmacias, etc.

(1) Fuentes de financiación. Existen básicamente dos: (1.1) países con un sistema de Seguridad Social financiados por cotizaciones sociales obligatorias, también conocidos como modelos Bismarck; y (1.2) paísesfinanciados por impuestos con Sistemas Nacionales de Salud, conocidos como modelos Beveridge.

El ejemplo típico de sistema de Seguridad Social es Alemania, siendo el referente histórico de este modelo desde que el Canciller Bismarck creara el sistema en 1881. Como prototipo de modelo de financiación sanitaria por impuestos tenemos el Sistema Nacional de Salud (National Health Service, NHS) del Reino Unido, creado en 1948 por el gobierno laborista de Clement Atlee tras el Informe Beveridge de 1942. En este segundo grupo podemos encontrar también todos los países nórdicos (Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega) así como, después de las últimas décadas, los países del sur de Europa (Italia, España y Portugal). Éstos últimos haciendo la transición de sistemas de Seguridad Social a modelos Beveridge.

(2) Proveedores. La forma en la que los recursos financieros terminan llegando del financiador a los proveedores del servicio (medicos, hospitales, etc.) es el elemento que más caracteriza a los servicios sanitarios. Así pues, en alusión a la relación financiadores-proveedores existen dos alternativas: (2.1) contratación e (2.2) integración. Nos referiremos como sistemas no-integrados (2.1) a aquellos que mediante contrato o concierto el asegurador-financiador compra a los proveedores privados y públicos los servicios sanitarios que precise. Se trata de la organización típica de los sistemas de Seguridad Social (1.1), los cuales no poseen hospitales ni emplean médicos.

Por otro lado tenemos los sistemas de integración (2.2). Son aquellos en que la Administración Pública produce ella misma sus servicios sanitarios médicos, integrando a los proveedores en su misma organización. En este caso el financiador (Estado o Seguridad Social) emplea directamente al personal sanitario y gestiona sus propios centros. Es el esquema que siguen el Reino Unido y los países nórdicos, pero también los países del sur de Europa (Italia, España y Portugal).

Así pues, para estudiar el sistema sanitario de cualquier Estado o región deberemos fijarnos, en primer lugar, en la financiación y, en segundo lugar, en la relación entre financiador-proveedor; así como en el solapamiento de las dos variables.


[1] OECD Health Data, datos extraidos a 18 de noviembre de 2009.

[2] Hsiao W.: What should macroeconomists know about health care policy? A primer. IMF Working Paper. July 2000 WP/00/135

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El precio de los medicamentos y las patentes

Noviembre 14, 2009 · Dejar un comentario

UNITAID es una agencia de la Organización Mundial de la Salud con un objetivo claro y loable: conseguir precios asequibles para la medicación del SIDA, la malaria y la tuberculosis. El mercado de patentes impide actualmente que la población de los países poco desarrollados pueda acceder a estos medicamentos. La razón es sencilla: por culpa de las patentes no existe competencia, lo que supone una situación de monopolio de las farmacéuticas que pueden determinar el precio que consideren oportuno.

La UNITAID ha iniciado una campaña para terminar con esta situación injusta, la Medicines Patent Pool Initiative. Consiste en una fórmula para garantizar la competencia entre productores, creando mercado, y consiguiendo así que los precios bajen por el sencillo mecanismo de la oferta y la demanda.

Es evidente que las farmacéuticas no son muy amigas del proyecto. El establecimiento de un organismo internacional regulador supondría ver sus escandalosos beneficios reducidos –lo cual no es sinónimo de desaparecidos-. Aún así, la iniciativa tiene toda la buena voluntad y razón económica del mundo. Se trataría de reducir los beneficios de las farmacéuticas y repartirlos entre los diferentes productores que en su tarea de producir y vender medicamentos se verían obligados a competir entre ellos, lo que haría bajar los precios de la medicación.

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Economía de la salud

Noviembre 14, 2009 · Dejar un comentario

Existe un mal que afecta a todos los sistemas públicos de salud que son de libre acceso universal: el desajuste entre la demanda de asistencia médica y los recursos disponibles. El hecho de que la ciencia médica avance, aparentemente sin límites, hace que las patologías que pueden ser tratadas aumenten y que los presupuestos, aunque crezcan año tras año, nunca sean suficientes.

Para reducir la distancia entre la oferta y la demanda se han propuesto diversas opciones que iban desde reformas estructurales o nuevas herramientas de gestión hasta la separación entre la función de provisión de servicios y la de financiación. De lo que se trata, en definitiva, es de alcanzar una mayor eficiencia. El problema es si el camino que debemos seguir para conseguir un sistema más eficiente es basarnos en un criterio económico –guiado por la relación coste-beneficio- o bien debemos aplicar otros criterios dada la importancia del bien a distribuir. En realidad, la solución ideal es la de no limitar la asistencia sanitaria a un solo criterio.

El crecimiento experimentado tras la II Guerra Mundial ha hecho que actualmente nos encontremos buscando mecanismos para limitar y reducir el consumo energético o buscando otros modos de organización para solventar los desequilibrios de nuestras economías. Y la sanidad no escapa a estas reformas. Como he comentado antes, los avances médicos han disparado el gasto sanitario, lo que ha derivado en el establecimiento de un sistema de racionalización económica de las cuestiones médicas. Esto nos ha llevado a otro problema, a saber, el de la concepción de aquello “justo” y su relación con aquello “económicamente óptimo”, introduciendo una serie de problemas éticos, como por ejemplo: ¿Es rentable invertir en tecnología que sirva para alargar la vida de enfermos crónicos o preferimos invertir en salvar vidas de neonatos? ¿Debemos hacer trasplantes a ancianos o debemos dar prioridad a los jóvenes? Se trata de problemas que no podemos obviar en una situación de escasez de recursos y para responder a estas preguntas necesitamos un sistema de elección.

El sistema de elección más común hoy en día es el de la evaluación económica, que puede ser enmarcado dentro del paradigma clásico de la teoría del bienestar (welfarism) basada en tres criterios:

(a) La maximización de la suma de utilidades

(b) La eficiencia productiva-distributiva óptima Pareto

(c) El criterio de compensación potencial de Kaldor y Hicks[1].

Algunos de los elementos para el análisis de las prestaciones sanitarias, basándose en el citado welfarism, han sido: el análisis coste-beneficio (gastos y resultados clínicos en unidades monetarias) o el análisis coste-utilidad (resultados clínicos en unidades físicas y costes en unidades monetarias), entre otros. El problema de todos estos criterios es que se hace necesario traducir la vida humana a unidades monetarias.

Una respuesta a esta situación fue la creación de los QALYs (Quality Adjusted Life Year) que permite comparar diferentes beneficios en salud. Esto permitió establecer un análisis de coste-efectividad como método de asignación óptima de recursos, priorizando así las intervenciones médicas en función de su contribución a la maximización de la salud esperada de la población.

A pesar de lo anterior, la toma de decisiones, especialmente des de el punto de vista social, requiere cada vez más una justificación moral. Dejando a un lado la necesidad de un uso eficiente de los recursos disponibles hay otra serie de valores que tienen un peso importante, como la igualdad de acceso o el equilibrio entre grupos sociales. Así pues, una buena política sanitaria debe tener tres objetivos:

(1) Maximizar la salud

(2) Reducir las desigualdades en salud

(3) Favorecer aquellos que más lo merezcan en función de su estilo de vida

Una política basada exclusivamente en el análisis económico se centra en la eficiencia pero pasa por alto factores como la gravedad de la patología o la edat de los potenciales beneficiarios de la intervención. En ese sentido, podemos encontrar muchos ejemplos de distribución eficiente de recursos pero que no tienen en consideración los intereses de aquellas personas que requieren un tratamiento con una eficiencia baja. Un ejemplo es la asistencia a los recién nacidos prematuros, que exige una altísima tecnología y los resultados son más bien escasos en el grupo de nacidos entre 500 y 1000 gramos [2]. Lo mismo sucede con enfermos en estado vegetativo. Muchas veces pues, se crea una situación de conflicto entre objetivos -tanto de eficiencia como de ética- por lo que será necesario establecer criterios de ponderación. Estos criterios los dejo para más adelante.

 


 

  1. El criterio de compensación potencial de Kaldor y Hicks según el cual: un incremento en el bienestar social tiene lugar tanto si se sigue el criterio paretiano como si las ganancias netas pueden compensar las pérdidas netas.
  2. Walker, D; Feldman, A., i Vohr, R. Et al., “Cost-Benefit Analysis of neonatal intensive care for infant weighing less than 1000 gr. At birth”,. Pedrioatics 1984, 74 (1) pp. 20-25.

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